miércoles, 31 de diciembre de 2008

Tribulaciones de un mallorquín en la República de Argentina...


Después de aquel período de "escuela de escaqueo" que durante 18 meses me enseñó a simular que trabajaba mientras intentaba no dar un palo al agua (una vez vi un método de pesca en una isla de Thailandia que consistía en unas personas andando con el agua hasta la cintura y arrastrando una red mientras otro daba palazos en el agua con el fin de confundir a los peces y atraerlos a las redes, supongo que de ahiíviene la expresión), las ansias de viajar ya eran exageradas. Cualquier excusa era válida para imaginar viajes a tierras incógnitas. Imagino que pasarme los fines de semana en un cuartel encargado de atender el teléfono por si llamaban las novias de los soldados y algún que otro mando ayuda a que la imaginación se desbordase.


Conocí a Tolito y a Miguel. El primero me sacó a escalar por primera vez. Con él ascendí el Aneto en nuestra primera salida a Pirineos. Con el segundo nos dirigimos a los Alpes y más tarde a Argentina a escalar el Aconcagua. Fuímos los primeros mallorquines. Yo era muy joven y aprendí mucho de cómo viajar y cómo no. Tengo grandes recuerdos de ese viaje, pero sobre todo de mis compañeros.

Yo creo que a partir de ahí, es cuando decidí que lo que quería hacer era recorrer, ver, conocer y saber lo que es en realidad el mundo. Con el tiempo me voy dando cuenta de que el mundo es lo que tenemos a nuetro alrededor, lo cercano. Lo otro son otros mundos, otros universos. Creo. Quizás no, ¿verdad? Yo que sé. Tantos años viajando y uno no aprende nada. Tendré que repetir curso, debe ser por eso que sigo viajando.

El Aconcagua. La montaña más alta de América del Sur, que con sus casi 7.000 mts. roza el cielo. Los recuerdo como un grupo de entusiastas , fuertes y decididos. Joder, no había pared que no soñáramos con escalar. Pelos largos, embutidos en mallas, cintas express en la cintura, mochila en la espalda y manos siempre manchadas de magnesio, eran las señas de los guerreros de las montañas. Así me sentía y así lo vivía (sí ,unos de mis libros preferidos también era El señor de los anillos) Cada montaña era una batalla que librar. La ascensión al Aconcagua me ayudó a descubrir ciertos aspectos de mi personalidad, como por ejemplo que puedo caminar horas y horas sin quejarme y ser más feliz que una perdiz, que sin chocolate no puedo vivir más de 48 horas, que un respeto surge de algún lado cuando contemplas la inmensidad de las montañas y el mar y el horizonte, que consciente o inconscientemente no podría dejar morir a alguien sin intentar evitarlo, que las situaciones límite muestran a las personas como son realmente...

Parece muy de libro, pero a veces la vida es como una historia escrita. Recuerdo, con alguna distorsión de la relidad debido al tiempo pasado, que durante la ascensión tuvimos que rescatar a uno de los miembros de la expedición. Bueno en realidad no eramos una expedición sino más bien 5 escaladores que nos habíamos juntado para abaratar costes, pero en realidad había 2 grupos: por un lado Miguel y yo y por otro lado Jose, Gerard y Jopela. La cuestión es que Miguel y yo hicimos cima y desde allí veíamos a Gerard que dejaba solo a Jose en las últimas rampas. Éste ya no podía más. Rápidamente fuímos a rescatarlo y bajarlo. Recuerdo sus palabras: " dejadme aquí, decidle a mi mujer e hijo que los quiero". La ostia. Yo no iba a enfrentarme a eso, así que hicimos lo posible por bajarlo. Al principio Miguel y yo, un poco más tarde se unió Gerard, que renunció a la cima en cuanto se dio cuenta de la verdadera situación. Recuerdo arrastrar el cuerpo de Jose entre las piedras, cargarlo a los hombros, todo esto a más de 6500 mts. de altura. Recuerdo que se acercaba la noche y empezaba a hacer frío. Recuerdo cuando llegó el grupo de rescate ya tarde y construímos una camilla con los bastones y mi gore. Recuerdo la noche en "Nido de cóndores" un refugio que no era más que dos puertas tumbadas a lo largo y apostadas en forma de pirámide. Recuerdo el frío en los pies, la nariz, las manos y el alma. Recuerdo los primeros brillos del sol y con él la esperanza que todo saldría bien, de como ya con el sol llegó el equipo de rescate (no lo bajaron de noche debido a lo mal que estaba) y se llevaron a Jose y Gerard para evacuarlos en helicóptero mientras Miguel y yo recogíamos el campamento y nos preguntábamos porqué Jopela había abandonado a sus compañeros...

Y después ya recuerdo playas cristalinas en las islas Margarita, espaldas quemadas y risas con Gerard, el hippie melenudo holgazán..

Y pasaron más cosas pero ya las iré contando más adelante que esto es un tostón...

lunes, 29 de diciembre de 2008

Señores y Señoras con todos ustedes....


Difcil esto de empezar.
La verdad es que en realidad quería actualizar mi curriculum, que no lo reviso desde el año 97, pero después de ver tantos blogs por ahí, me dije:" que coño para qué quiero un curriculum si no voy a buscar curro". Así que me hago un blog y ordeno un poco mis ideas y sueños, que se amontonan en algún lado del cerebro. Supongo que éste debe estar ya lleno porque algunos de estos ya se están convirtiendo en pesadillas.
Bueno no será para tanto pero tengo ganas de volver a viajar, perdernos con Marina( la pequeña que regresó de su exilio), Lilo y el Señor Noi. Un viaje en familia que se dice. Últimamente me siento un poco atado a esta ciudad. Demasiada rutina que me deja poco tiempo para perderme por los montes y playas. Y no me puedo quejar, joder, que tengo un negocio que va bien y eso en los tiempos que corren( a mi edad ya no corren sino vuelan) ya es mucho, una mujer que me ama y amo, una familia que me respeta y me entiende, amigos a quien pedirles ayuda cuando la necesito, unos perros que no merezco...
Supongo que estoy mal acostumbrado y me cuesta esperar para conseguir lo que quiero.
Pero todo esto es confuso, así que como he dicho empezaré a ordenar las cosas.
Primero un presentación.
Mi nombre es Juan, Juan Antonio( sí, estaba de moda cuando lo decidieron mis padres), pero todo el mundo me llama Oli.
Empecé en esto de los viajes muy joven, con apenas 12 años. En esa epoca el viaje más largo que haciía era el de ir a cerrar el grifo que estaba bajo el nisperero en la esquina este del jardín. Toda una expedición. Sin luz, y atravesando densas zonas de vegetación( los setos, el cesped, los bambúes). Mi familia eran jardineros así que para ahorrar en riego se regaba de noche. ¿Quién no teme a la oscuridad de pequeño?. Y asi, intentando ir lo mas rapido posible para evitar los peligros de la noche( nunca se sabe que terribles fieras puede haber en el jardín de una urbanización) empece a correr, y aun sigo.
Tambien viaje por África, Islandia, Rusia, Canada, Alaska...claro que siempre de la mano y siguiendo las lineas de Verne, London y como no de Marco, un amigo italiano que fue en busca de su madre la cual se fue a hacer las americas a un país que no recuerdo con exactitud.
Grandes viajes me permitieron hacer esos libros y sin moverme de casa. Supongo que todo el mundo añora esa epoca. Descubrir sensaciones nuevas. Todo es "la primera vez...".
Y tambien son los culpables de que años después me decidiera a preparar los bartulos e iniciar mi primer viaje...